Villamayor y Aboud: a un email de distancia

Qué hay gente pasándolo mal en otras partes del mundo ya lo sabemos. La tele se encarga cada día de enseñarnos a niños hambrientos, desgracias y dificultades, pero conocerlos de primera mano es otro cantar. Así nació el proyecto Villamayor-Aboud a un email de distancia, que desarrolla el Grupo Scout Villamayor en colaboración con Cáritas.

Resulta que Cáritas tenía un proyecto para financiar un centro de salud en Aboud, un pueblo situado a 40 kilómetros de Ramala, en la franja de Cisjordania, con la mitad de su población de religión católica. Este hecho ya es una novedad muy importante, ya que en Palestina, tan solo el 2% de la población tiene esta religión. Pues bien; la construcción de este centro se convirtió en un aliciente para hacer algo más y se pensó en un proyecto de comunicación entre jóvenes de allí y de aquí.

Ya en Zaragoza, se buscó un pueblo de características similares a las de Aboud, y pronto se dio con Villamayor, una localidad cercana a Zaragoza y con un amplio tejido asociativo en el que destaca el Grupo Scout Villamayor, con más de 35 años de historia.

Proyecto Villamayor-Aboud a un email de distancia, que desarrolla el Grupo Scout Villamayor en colaboración con Cáritas.El primer año se planteó que los chavales se comunicaran mediante email, pero ese mismo año, Cáritas nos anunció la posibilidad de que vinieran y en el Grupo Scout Villamayor no lo dudamos. En ese primer campamento, hace ya siete años, empezamos a entender mejor el tipo de vida de estos chavales. No es que pasen hambre, como sucede en otras partes del mundo, sino que tienen coartada su libertad.

Un día normal para estos chavales comienza con un viaje hacia Ramala que debería costar hacia media hora y que normalmente les cuesta dos horas. A medio camino está ubicado el muro que Israel está construyendo para separar a palestinos de judíos y que no solo afecta a las comunicaciones, sino a la vida diaria, ya que para levantarlo se han talado miles de olivos, el principal medio de vida de esta gente.

Además, la mayor parte de los depósitos de agua de los pueblos palestinos han quedado fuera del muro, pasando a manos israelíes. Una jugada estratégica perfecta en un país en el que la escasez de este bien es uno de los máximos problemas.

La mayor parte de los cultivos también han quedado fuera, y aunque los palestinos conservan sus derechos sobre la tierra cultivable, para muchos ha quedado fuera de su alcance. Solo hay que imaginarse que un huerto que antes quedaba a un cuarto de hora de su casa, y al que un agricultor podía acudir en bicicleta cómodamente, les obliga ahora a desplazarse cinco kilómetros hasta la puerta más cercana del muro, pasar el control y regresar los cinco kilómetros hasta el huerto.

Por otro lado, muchos de los palestinos trabajan para el Estado y aunque podría parecer que esto da cierta seguridad si miramos a nuestros funcionarios, su situación es justamente la contraria, ya que desde que Europa retiró sus ayudas a Palestina, han dejado de cobrar, y de esto hace ya más de cuatro años.

proyecto Villamayor-Aboud a un email de distancia, que desarrolla el Grupo Scout Villamayor en colaboración con Cáritas.A todas estas dificultades “domésticas” se añade que en cualquier momento pueden ser asaltados, el acceso a su pueblo puede ser bloqueado obligando a traslados de más de veinte kilómetros y la inseguridad es total.
Así se explica que un día uno de estos chavales nos contara al preguntarle por una cicatriz en la espalda que era un tiro perdido de un soldado israelí cuando él tenía cuatro años. Al plantearle el tema a una monitora solo dijo: “Puede ser, a veces ocurre, ya no me acuerdo en este caso, han sido tantos”.

Así se explican también muchas cuestiones como que los chavales tengan miedo a ir solos por la calle o a salir por el monte o que cualquier broma la vean como una agresión directa.

Y por todo esto, creemos que tiene sentido seguir luchando por este proyecto. Porque estos chavales merecen conocer otra realidad. En Villamayor aprenden a vivir, aprenden a tener amigos nuevos y muchos aprenden a vivir en libertad. Cuando llegan es un choque, no se creen que chicos y chicas puedan salir más tarde de las diez de la noche (hora de su toque de queda) y que se pueda caminar libremente, y que se pueda dormir tranquilo, sin que nadie llame a la puerta y la asalte con fusiles en busca de terroristas y te dejen con la duda y el miedo, y la casa deshecha.

La mayor parte de los chavales y monitores que han venido siguen en contacto con nosotros a través de la red, y cada año, cientos de regalos se cruzan en una y otra dirección para recordarles que estamos aquí y que otra vida es posible.

Ellos solo nos piden que contemos lo que sufren, que hablemos de cómo viven y que la gente les entienda y apoyen a este pueblo que poco a poco se queda dentro de unos límites estancos, dentro de un muro, del que cada vez es más difícil salir.

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