No robar el pez

Suele decirse que no se debe dar el pez, sino enseñar a cogerlo. En cooperación internacional sería interesante además añadir la máxima “no robar el pez”.

De sobra son conocidas las causas del subdesarrollo en los países del sur: colonización histórica, la deuda externa, la dependencia tecnológica, los desiguales intercambios comerciales, la guerra… que unidas a sus problemas internos como el elevado crecimiento demográfico, una salud y una educación deficientes, corrupción gubernamental etc. abren cada día más la brecha de la diferencia entre pueblos.

Muchas veces nuestra sociedad tiende a “olvidar” su gran contribución a que esta situación se perpetúe e incremente, nos olvidamos de los peces robados para mantener en niveles óptimos (óptimos para algunos claro) a nuestra nueva e insaciable divinidad: el Consumo.

Partiendo de esta situación impuesta, nos remueve por dentro una idea de inconformismo ante tal grado de injusticia social, de desasosiego, y muchas personas lo canalizan a través de la cooperación internacional.

cooperación internacionalPero no basta la buena voluntad. En cooperación es más importante cómo se da que lo que se da. Es necesario comprender el error que supone ir allí a imponer nuestro modelo norte-centrista de sociedad y un imperialismo cultural que crea necesidades, que muchas veces no existen, ya que no se cimentan sobre un análisis adecuado de la realidad. Cualquier proyecto de cooperación ha de estar protagonizado por una contraparte local.

El futuro una comunidad debe ser decidido por las personas que la componen y no negarles la posibilidad de que aprendan y sean ellas los que decidan como quieren cubrir sus propias necesidades.

Cooperar, según definición de la RAE, supone “obrar juntamente con otro u otros para un mismo fin”, implica un encuentro de energías, una suma de voluntades, por tanto, no es una donación ya que no existe desarrollo sin esfuerzo propio.

En el mismo sentido, al ejecutar los proyectos por una organización local las posibilidades de éxito aumentan, se reinvierte en la comunidad al emplear los medios, materias primas y mano de obra de la comunidad siendo también más cercano a las necesidades de la gente y consiguiendo mayores posibilidades que el proyecto siga adelante en el futuro.

La cooperación “bien hecha” intenta enseñar a pescar antes que dar el pescado y no crear dependencias. Y, sobre todo, no olvida que su objetivo es el beneficio del desarrollo local y su fin último desaparecer. Eso sí, vamos a empezar.

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