La realidad del Sahara y de Palestina

¿Por qué Palestina?

 

Mi nombre es Patrick Ward. Tengo 29 años, soy periodista y trabajo en Londres para la Socialist Review. También soy simpatizante de la causa palestina. En febrero de 2009 visité Gaza por segunda vez, con mi compañero Stewart, para rodar un documental. La llamada guerra de Gaza acababa de terminar. Las cifras hablan por sí mismas: 23 días, 1.417 palestinos muertos, la inmensa mayoría civiles, y 13 israelíes muertos, 10 de ellos soldados y 3 de ellos abatidos por el fuego amigo. El resultado de este último capítulo del conflicto es igualmente elocuente: Gaza queda bloqueada por dos flancos, con Egipto, bajo el presidente-bufón Mohamed Hosni Mubarak, apoyado por occidente, mantiene la frontera cerrada al oeste del país. Israel mantiene la suya igualmente bloqueada al este. Los suministros médicos, materiales de construcción, combustible y alimentos no pueden entrar al país. La razón oficial para este bloqueo es evitar el abastecimiento de armas por parte de los combatientes palestinos. Pero en realidad se intenta estrangular a la población, para expulsar a los palestinos sitiados fuera de su propio país.

Bombardeo_almacenes_ONU_PalestinaLos hechos y las cifras son claros, pero las historias humanas son desgarradoras. Los soldados israelíes usaron las casas palestinas como bases temporales desde las que continuar su avance. Pocos días después de los ataques visité una de estas casas. Sólo quedaban una mujer y uno de sus hijos. En la pared del dormitorio principal podían verse grabadas estas palabras: “Bonita ropa interior. No lo sentimos”. Oír a la madre hablar de todos sus familiares muertos fue una de las experiencias más difíciles de mi vida. Sus verdugos, sin embargo, lo tomaban a broma.

Para entender el verdadero origen del conflicto no hace falta remontarse a la Palestina bíblica, ni tampoco se trata, como sugieren algunos medios de comunicación simplistas, de un odio ancestral entre judíos y musulmanes. Tenemos que retroceder hasta los comienzos del siglo XX. En aquel momento, los judíos fueron el chivo expiatorio de la mayor parte de los males en Europa. Lo vimos más crudamente en Rusia y Alemania.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, hubo un pequeño movimiento de judíos conocido como sionistas que creyeron que los judíos y los no judíos nunca podrían vivir juntos en paz. Querían un país que fuera hogar sólo de los judíos, donde pudieran escapar de la persecución que sufrían en Europa. Este movimiento era relativamente pequeño, pero se hizo muy fuerte tras los horrores del Holocausto.

En 1948, el Estado de Israel fue fundado por Gran Bretaña, justo en medio de la Palestina controlada, hasta entonces, por los propios británicos. Dado que casi todo occidente, incluyendo los Estados Unidos, cerraba sus fronteras a los refugiados judíos, la diáspora, desesperada, se vio impelida a buscar tierra y paz en el recién creado Estado judío. Pero Israel quería ser exclusivamente judío, y la tierra que habían recibido como propia estaba habitada por una población mayoritariamente árabe. Por lo tanto, como en cualquier intento de colonialismo, la población nativa debía ser eliminada. Hasta el día de hoy, los palestinos pueden ser expulsados de sus propias casas sin repercusiones. En su camino de casa al trabajo, a la escuela o a la universidad, un palestino puede tener que cruzar varios controles que muchas veces les niegan el paso.

Mientras tanto, Estados Unidos sigue respaldado incondicionalmente a Israel. Hasta el día de hoy Israel recibe más ayuda de Estados Unidos que de cualquier otro país, sobre todo en la forma de equipamiento militar. Israel no es un puerto franco para los judíos ni fue creado gracias a ningún “lobby judío” poderoso. De hecho, fue creado como un perro de ataque americano en el oriente medio.

Entonces, ¿qué alternativa tenemos? La única respuesta genuina sería un único Estado donde judíos, árabes, cristianos y todos los demás puedan vivir juntos. Puede parecer un pensamiento utópico, pero debemos recordar que los imperios van y vienen, y países como Sudáfrica, que tuvieron su propia variedad de apartheid durante tanto tiempo, hace ya años abandonaron sus políticas de superioridad racial tras la lucha sostenida contra ellas.

La marea está cambiando. Un día Palestina será libre. Nosotros, en Occidente, debemos recordar siempre que Israel es un Estado ilegítimo, nacido y alimentado gracias al racismo y la violencia. Debemos boicotear los productos israelíes, pedir a las empresas que rompan sus vínculos comerciales con Israel y tomar las calles para mostrar al mundo que el colonialismo, el apartheid y el sionismo pertenecen al cubo de basura de la historia.

Cuando, en el Reino Unido, miles de personas (incluyendo musulmanes, cristianos y judíos) nos manifestamos por los palestinos, sabemos que ellos nos ven en la televisión y en los periódicos, y vernos les da fuerza y esperanza.

Hablando del Sahara

 

Conflicto PalestinaTratar el tema Sahara es complicado.
Si crees en los derechos humanos y el respeto de las libertades
Sin dudas es complicado tratar el Sahara. Si eres española y has conocido como un gobierno de tú país colonizó el Sahara, obligó a sus habitantes a convertirse y creerse españoles y después los abandonó a su suerte, es complicado hablar del Sahara.Si eres mujer y oyes una voz femenina saharaui explicar con fervor que las mujeres de su pueblo tuvieron que ocuparse de la educación de sus hijos, de sus casas y la continuidad de las raíces de su pueblo, mientras los hombres pastoreaban el ganado o marchaban al combate, es difícil tratar del Sahara.Si eres joven y luchas por un mundo más justo, por la igualdad, porque podamos emanciparnos antes de los 35, porque nuestros gobiernos apuesten por nosotros, por fomentar la participación de los jóvenes en las muchas asociaciones de la ciudad, y escuchas a un joven saharaui hablar de la vida vacía de oportunidades y llena de tiempo en el Sahara ocupado y ves en sus ojos esperanza, fuerza y coraje para luchar por un mañana libre en su país, se te hace muy muy complicado hablar del Sahara.Sahara se siente, te llega al corazón y tus labios ya solo quieren denunciar las injusticias que se cometen con un pueblo orgulloso de su identidad, que sufre en pleno S.XXI la privación de muchos derechos… derecho a expresarse libremente, derecho de reunión y asociación, derecho a un juicio justo, derecho a poder ejercitar en tu país los estudios que has adquirido lejos de el, derecho a una sanidad digna, a no ser maltratada, avasallada o violada… y aún así ves en ese joven saharaui que lucha por cambiarlo con las armas de la palabra, el coraje y la esperanza, frente a la fuerza y la violencia. Aún es más difícil hablar del Sahara.Si crees en los derechos humanos y el respeto por las libertades del hombre, si eres española, mujer u hombre, joven, mayor o adolescente y en tu vida se cruza la historia pasada, presente y futura de un pueblo ocupado en mitad del desierto, es seguro que sentirás que significa Sahara sin que nadie tenga que contártelo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *