Entre el fraude y la esperanza

El último ciclo económico y la actual dinámica financiera nos han abocado a una especie de capitalismo senil, donde el rey va más desnudo que nunca, los mercados se han desbocado del todo y todo es tal como parece. La crónica de un fraude a plena luz del día: dónde la crisis la paga quien no lo ha provocado y quien la ha provocado sigue acumulando beneficios ingentes, cuando no indecentes.

La lista, revisitada, es particularmente larga en un período sumamente corto: abanico de recortes, reformas que elevan a rango constitucional el dogma neoliberal de la obsesión por el déficit, pago propio de facturas ajenas que hipotecan el futuro colectivo, ataques impunes a la deuda soberana que enriquecen a los tiburones de siempre o rescates bancarios y burbujas especulativas resueltas con los peores recortes antisociales desde el final de la dictadura. Vandalismo de mercado libre: como si nunca antes, tan pocos hubieran robado tanto a tantos. Y en tan poco tiempo.

coop57 aragonLa radiografía y el balance social no dejan a penas margen: 5 millones de parados, más de 9 millones de pobres y 350.000 familias amenazas con el desahucio hipotecario. Y aún así, se antoja, en una crisis que no será corto, un fin de ciclo. Un fin de modelo. La actual política económica de contención, recortes y austeridad no anuncia precisamente la reactivación. Y eso, que la contabilidad de la crisis es bien tramposa. Entre 2010 y 2013 los recortes de derechos sociales conseguidos tras años banca obtuvo beneficios de 15.000 millones de euros y las empresas del Ibex35 beneficios netos por valor de 47.000 millones de euros. Desde que arrancara la crisis en otoño de 2007, la banca, autora confesa pero impune de la trastienda de esta crisis, ha acumulado ya 66.111 millones en ganancias. ¿Quién paga la crisis?

Tiempos de crisis, claro. Pero, al mismo tiempo y en paralelo, de surgimiento de imprescindibles alternativas que nos hagan avanzar hacia otro modelo de desarrollo económico y social. Antes, también hay respuestas a recortes que nos quieren vender cómo técnicamente inevitables, aunque sean socialmente inasumibles. Decía Einstein que “lo más inútil es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”. Y finalmente, delegar al zorro el cuidar de las gallinas siempre es una locura insensata. Es el riesgo que corremos. Que quién hizo al enfermo nos venda ahora el hospital. Privado, por supuesto. Hasta Paul Krugman, Nobel de Economia, ha tildado a Wall Street de “fuerza destructiva en política y economía”.

Contra ello, lo sucedido en Islandia –dónde se niegan a pagar deudas privadas, procesan banqueros, juzgan gobiernos y la vida continúa– opera como un espejo fértil donde reflejarse: lo necesario hoy es seguir habilitando alternativas que nos permitan habitar el futuro. Si el objetivo es avanzar hacia la transformación social y la emancipación colectiva. Se trata, al fin y al cabo, que su mundo imposible no sea posible ni en nuestro nombre ni con nuestro dinero. Instalados en el absurdo, cabe recordar porque hablamos de capitalismo senil. Cada día mueren 24.000 personas de hambre en un mundo donde 3.500 millones de personas viven en la pobreza. Sólo el 4% del gasto militar mundial anual, el 1’3% de lo que ingresan los multimillonarias del mundo cada ejercicio o el 1’08% del rescate global de la banca serviría para erradicar tres veces, tres, el hambre en el mundo.

servicios financieros coop57Es tiempo, pues, de resolver la crisis desde el propio tejido social. En esto, precisamente, estamos empeñados desde Coop57. Dejar atrás, por superación social, un modelo financiero perverso; dejar inútiles, por obsoletos, los mecanismos especulativos de la economía-mundo; desecar y hacer pasar a la historia, por justicia social, los tiempos de tanta infamia.

En el ejercicio de la práctica de la libertad, de nuestra responsabilidad personal y colectiva, lo más necesario hoy es seguir construyendo alternativas sólidas y solidarias. En la certeza, constante histórica, que no habrá otro mundo posible –ecuánime, solidario, sostenible– sin otra economía imprescindible. En este sentido, la economia social y solidaria avanza hace décadas en la edificación de un modelo postcapitalista que nos haga avanzar hacia la democracia económica y social. Vale ya de especulación, de economías de casino, de reventar países enteros.

Más todavía cuando en materia financiera, la reciente bancarización de las cajas y el drástico cierre crediticio han contribuido al estancamiento económico, a niveles históricos de paro y precariedad y al auge de las desigualdades sociales. Mucho trabajo, pues, en un tiempo y un espacio dónde la ofensiva neoliberal ha dejado un páramo: páramo que es a la vez tierra arrasada y oportunidad. Oportunidad real, desde el antiguo compromiso, de saber que disponemos de la opción, seguramente del derecho y el deber, de construir otro modelo socioeconómico basado en la cooperación. De avanzar hacia la democracia social y económica y asentar las bases solidarias que la hagan duradera.

Quizás por eso, hace bien poco, el filósofo Slavoj Zizek sostenía que hoy –ahora y aquí y más que nunca– estamos obligados a vivir como si ya fuéramos libres. Que hace falta seguir rechazando, obstinadamente, un (des)orden insoportable y que hace falta salir de la trampa de aferrarse al capitalismo tardío como único modelo incuestionable. A resguardo en un futuro común, seguimos mirando atrás para poder seguir adelante. Mientras aquello denominado ‘sistema’ pretende ignorar el alcance de nuestra memoria. Motivo por el cual rehúyen la obviedad que no serán tres décadas de neoliberalismo las que nos hagan desistir de seguir comprometidos, más comprometidos que nunca, con la justicia social, la sostenibilidad ambiental y el viejo sueño de la igualdad de las personas. Porque lo utópico, lo realmente ucrónico, es pensar que podemos seguir así.

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