Contaminación electromagnética… ¿somos conscientes?

La incidencia sobre la salud de los campos electromagnéticos artificiales está bien documentada desde los años 50 del siglo pasado.

Sin embargo, de modo aparentemente paradójico, en momentos en los que la electropolución se ha incrementado de modo exponencial se aprecia una mayor falta de conciencia general, ayudada, eso sí, por intensas campañas mediáticas auspiciadas por las propias compañías de telecomunicaciones.

¿A qué nos estamos refiriendo?

Evidentemente hay una gran multiplicidad de focos emisores de campos electromagnéticos (CEM) y no podemos hacer en este espacio un repaso de todos ellos; mucho menos ahondar en la complejidad del tema.

Lo que pretendemos aquí es sólo llamar la atención sobre la profundidad del asunto y proporcionar algunas herramientas para informarse mejor, particularmente sobre los dispositivos que más han proliferado en los últimos años y que constituyen hoy el grueso del problema: “teléfonos” móviles (ordenadores que pueden hacer llamadas, en realidad), emisores de redes WLAN (mal llamada “Wi-Fi”; en realidad, un nombre comercial) y teléfonos inalámbricos domésticos (DECT).

Algunos efectos sobre la salud, descritos en miles de estudios de la amplia bibliografía médica, describen efectos potenciales de exposición a corto plazo (déficit de atención, hiperactividad, irritabilidad, alteraciones de concentración y memoria, dolores musculares, cefalea, insomnio, …), y a largo plazo cuando la exposición se mantiene en el tiempo (electrohipersensibilidad o EHS, síndrome de fatiga crónica, depresión, fibromialgia, arritmias, Alzheimer, infertilidad, alteraciones hormonales y diversos cánceres).1

Lamentablemente, al igual que para el caso de los transgénicos (y de otros…), el Estado Español es el paraíso de las grandes corporaciones; la legislación está hecha a su medida y la desinformación pseudocientífica es la norma.

Debemos trabajar, por el contrario, para que podamos hacer de los dispositivos de comunicación inalámbrica un consumo y un uso responsable e informado.

Dicho de otro modo: no se trata de “volver a las cavernas”, tal como ironizan algun@s (precisamente de la “caverna mediática”…) sino de, como mínimo, homologarnos a Suiza, a Suecia o al menos a Alemania o a Francia, donde existen límites de emisión más bajos, campañas informativas para la población o medidas para desinstalar emisores de “Wi-Fi” de los centros educativos, hospitales, bibliotecas, etc.. y para promover la conexión por cable, preferentemente de fibra óptica.

contaminación electromagnética
Imagen de “¿Cómo sería el mundo si viéramos las señales Wi-Fi que nos rodean?”

Imagen elaborada por el artista Nickolay Lamm y M. Browning Vogel, doctorado en Astrobiología, y expuesta junto a otras en el parque National Mail de Washington. Una exposición que se podría hacer, con apreciable valor pedagógico, en cualquier plaza de cualquier ciudad…

Para saber más: Informe Bioinitiative, el mayor estudio secundario, con recopilación de más de 1500 estudios, en unas 600 páginas: http://www.bioinitiative.org/table-of-contents/

Un documento más accesible con introducción al tema y enlaces a varias decenas de estudios científicos: http://bit.ly/bioinitiative

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