Y a nuestro alrededor, ¿cómo se participa?

ARAGÓN:

Me piden desde el CJZ un artículo de abuelo cebolleta. No les culpo, uno ya ha llegado a esa edad donde comienza a ganarse a pulso ese tratamiento. Porque ya no escucho lo de que la juventud somos el futuro, sino que lo conjugo en tercera persona. Y espero esa respuesta, la misma que yo decía, de que sí, el futuro era para mi generación, pero que éramos la juventud del presente y que estaba preparada y dispuesta a tomar parte, la que le correspondía, en la sociedad.

Desarrollamos planes de formación, redes de trabajo, grupos operativos, buscamos la forma de influir en la sociedad desde la modestia de nuestros medios. Nos tocó lidiar con una – bueno, más de una – burbuja de la que no participamos pero que nos estalló en la cara. Comimos crisis, pérdida de derechos y decidimos beber movilización para pasar el trago. Lidiamos con una sociedad que nos echaba en cara hacer política a la vez que nos acusaba de desinterés y apatía. En ese momento intentamos dar la talla, y organismos como los Consejos de la Juventud demostraron que eran una herramienta útil de interlocución. Molestamos. Y por ello intentaron eliminarnos. En Aragón lo consiguieron. No entendieron que era nuestra obligación exigir, demandar, pedir… porque en ese momento, en ese presente, nos jugábamos el futuro. Y es que, como dijo Salvador Allende, “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción”.

No lo entendió así el entonces Gobierno de Aragón. Espero, de veras, que el actual gobierno no deje pasar esta legislatura sin enmendar lo que el anterior rompió, y recuperar el Consejo de la Juventud de Aragón. Plataforma que nos ha de unir y ha de representar a la juventud aragonesa frente a los y las que toman las decisiones: en Aragón, en España y en Europa.

 

Héctor Saz, último presidente del Consejo de la Juventud de Aragón

 

 

LOGROÑO:

 Una experiencia de desarrollo comunitario donde se ha incluido a personas voluntarias sin necesidad de pertenecer a una entidad juvenil, es el proyecto “Las brujas de Zugarramurdi” de Logroño. Esta iniciativa ciudadana contaba con un proyecto de Iuventia Sociedad Cooperativa Madrileña, que compartió con personas jóvenes voluntarias un espacio de voluntariado juvenil. Las 26 personas participantes en el proyecto procedían de entidades sociales de la ciudad de Logroño y más de la mitad eran personas jóvenes no asociadas.

El proyecto consistía en informar voluntariamente sobre el evento en el puesto de información de las brujas de Zugarramurdi y a cambio recompensar esta acción voluntaria con talleres ocupacionales de forja, talla de madera, rosquillas, costura y broches. Además del seguro de responsabilidad civil y de accidentes, las personas voluntarias obtienen un certificado donde se señalan las funciones ejercidas, las horas de voluntariado y las competencias desarrolladas. De esta forma se ha tratado de generar un hábito donde se pase de participar en la cultura, a la cultura de la participación.

Juan Latasa

 

 

 

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